lunes, 12 de octubre de 2009

Laicismo

Decía Condorcet al respecto en 1791: “La constitución, al reconocer el derecho que tiene cada individuo a elegir su culto, y al establecer una completa igualdad entre los habitantes de Francia, no puede permitir en la instrucción pública una enseñanza que, al ser rechazada por una parte de los ciudadanos, destruya la igualdad de las ventajas sociales y dé a determinados dogmas particulares una superioridad contraria a la libertad de opiniones. Es, pues, rigurosamente necesario separar de la moral los principios de toda religión particular y no admitir en la instrucción pública la enseñanza de ningún culto religioso. Cada uno de ellos deberá ser enseñado en los templos por sus propios ministros. Los padres, cualquiera que sea su opinión sobre la necesidad de tal o cual religión, podrán entonces, sin repugnancia, enviar a sus hijos a los establecimientos nacionales, y el poder público no habrá usurpado los derechos de la consciencia bajo el pretexto de ilustrarla.”




Laicidad


El laicismo ha sido definido como una corriente de pensamiento, un movimiento de individuos “laicistas” que procuran independizar todos los servicios públicos, en especial los educativos, de toda influencia dogmática. El Estado republicano es laico, y por eso es de todos, sin exclusiones. Al proponer ser neutral, resiste la presión de grupos religiosos, económicos, ideológicos o de cualquier otro tipo, y no beneficia a ningún grupo particular. Pero ello no quiere decir que esté vacío de valores. Al contrario, se inspira y se apoya en los valores más universales del ser humano, posibilitando unir con justicia sobre el respeto de las diferencias, organizando la convivencia pacifica y fraternal entre los individuos de una sociedad, intenta integrar los aspectos sutiles, intangibles, espirituales, sin dogmas. Logra unir a todos, respetando las creencias de cada uno, sin favorecer ni perjudicar a ninguno. Mencionar la laicidad del Estado, implica diferenciar con claridad entre la esfera pública, que siempre es de todos y neutral, y la esfera privada, en la se expresan libremente todas las opciones, espirituales, religiosas, ideológicas.La laicidad está impregnada desde sus orígenes por valores republicanos y humanistas, en armonía con la Declaración de Derechos Humanos, y por eso las instituciones laicas defienden las libertades individuales y colectivas de todos los hombres y mujeres, sin distinciones de etnia, género, nacionalidad, ideología, religión; promueve la solidaridad, la justicia, la equidad, la igualdad, en todos los planos de las actividades humanas y promueve la fraternidad y la convivencia pacífica entre todos los seres humanos. La laicidad defiende la igualdad natural de los seres humanos, y el potencial de inteligencia y aprendizaje, de crecimiento y evolución común para todos, respetando las potencialidades y tiempos de cada uno. Se opone a la imposición de una creencia o un dogma, a una verdad revelada que obligue a aceptarla por la fuerza. Por ello la laicidad, desde hace más de dos siglos, es una actitud positiva y progresista ante la vida y las relaciones humanas.


La laicidad nace en las luchas sociales con vocación de libertad y universalidad, apoyada en el desarrollo del pensamiento científico, como vía para conocer cada vez más profundamente los misterios de la vida y del ser humano, pero también apoyada en la plena vigencia y desarrollo de los Derechos Humanos y del estado de derecho. La laicidad se basa en la libertad absoluta de conciencia e igualdad (política, jurídica, simbólica, espiritual) entre todos los individuos de una sociedad. La libertad absoluta de conciencia es una dimensión originaria del ser humano, que aspira a cultivar y a vivenciar, un derecho natural que al utilizarlo, lo dignifica, y donde se proyectan las potencialidades más nobles y sublimes de la Humanidad.




Educación y Laicidad



La escuela pública, como institución educativa, sigue desempeñando la función de integración social, favoreciendo la inserción de todos los grupos diferentes en un todo, pero poniendo en relieve nuevos valores y redimensionando otros, para que cada ser humano pueda encontrar sus propias vías para superar las contingencias del contexto histórico social, y ser sujeto conciente y activo con plenitud de derechos.
Debe recordarse que la enseñanza no es sólo un asunto que incumba al alumno y su familia, sino que tiene efectos públicos por muy privado que sea el centro en que se imparta. Una cosa es la instrucción religiosa o ideológica que cada cual pueda dar a sus vástagos siempre que no vaya contra leyes y principios constitucionales, otra el contenido del temario escolar que el Estado debe garantizar con su presupuesto que se enseñe a todos los niños y adolescentes. Si en otros campos, como el mencionado de las festividades, hay que manejarse flexiblemente entre lo tradicional, lo cultural y lo legalmente instituido, en el terreno escolar hay que ser preciso estableciendo las demarcaciones y distinguiendo entre los centros escolares (que pueden ser públicos, concertados o privados) y la enseñanza misma ofrecida en cualquiera de ellos, cuyo contenido de interés público debe estar siempre asegurado y garantizado para todos. En esto consiste precisamente la laicidad y no en otra cosa más oscura o temible.
Al oírles parece que los valores de los padres, cualesquiera que sean, han de resultar sagrados mientras que los de la sociedad democrática no pueden explicarse sin incurrir en una manipulación de las mentes poco menos que totalitaria.En nuestras sociedades, que arrastran del pasado tantas desigualdades sociales, tantas injusticias e ignorancias, propiciadas por el descontrol del ego, el Estado debe garantizar el acceso efectivo de todos los niños, adolescentes y jóvenes a una educación de calidad, como un mecanismo que contribuye para que los grupos sociales más pobres, logren superar sus condiciones de reproducción de la situación social.Históricamente, se ha definido que la escuela laica se ubica en una posición neutra frente a los temas conflictivos, como por ejemplo la existencia de Dios, de algo llamado alma o espíritu, sobre qué pasa después de la muerte, etc.. Mientras en algunas sociedades la escuela pública logra un acercamiento a la antigua propuesta de Condorcet , en otras aun está por lograrse la separación del Estado y de la Iglesia. En unas y otras, los educadores tienen dificultades para encontrar el equilibrio, para enseñar desde la neutralidad que exige la laicidad, y asumen posturas sesgadas, confusas, parciales, cargadas con ideas y sentimientos que inevitablemente influyen en sus alumnos. José Ingenieros alertaba ya hace tiempo sobre el tema: “Deben ser rigurosamente excluidas de la dirección educacional todas las influencias políticas y dogmáticas. Las primeras corrompen la moral de los educadores y rebajan el nivel de la enseñanza; las segundas conspiran contra la libertad de pensar y tienden a invadir el fuero de la conciencia individual.”




















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